Rusia/Ucrania: 10 años de ocupación de Crimea: La supresión por Rusia de las identidades ucraniana y tártara de Crimea pretende cambiar la diversidad nacional de la península

Fuente: Amnistía Internacional

Desde que Rusia ocupó y anexionó ilegalmente Crimea en 2014, ha intentado alterar la composición étnica de la península, reprimiendo las identidades nacionales no rusas, en particular mediante la restricción de la educación en los idiomas ucraniano y tártaro de Crimea, la persecución de las minorías religiosas, la represión de los medios de comunicación y la cultura, así como el menoscabo de las instituciones representativas y el abuso del sistema de justicia penal. El porcentaje de la población de Crimea que se identifica con los pueblos ucraniano o tártaro de Crimea ha disminuido considerablemente. Los residentes de Crimea se ven obligados a obtener pasaportes rusos; de lo contrario, pueden sufrir violaciones de los derechos humanos, denegación del acceso a servicios básicos e incluso correr el riesgo de ser deportados. Mientras tanto, las pruebas disponibles indican que Rusia ha trasladado a su propia población a Crimea, lo que constituye una violación del derecho internacional.

Rusia se ha centrado en la juventud de Crimea, llenando la educación escolar de propaganda que justifica su guerra y pone en duda el legado de la población tártara de Crimea como pueblo indígena. Al mismo tiempo, las autoridades de facto han erradicado casi por completo la enseñanza en lengua ucraniana.

A fecha de 2024, como consecuencia de la persecución continuada por parte de las autoridades de facto, la Iglesia Ortodoxa de Ucrania ya no opera de facto en Crimea, con lo que se ha eliminado uno de los últimos vestigios de la identidad ucraniana en la península. Otras minorías religiosas, como los musulmanes y los testigos de Jehová, se enfrentan a la discriminación y la persecución, lo que acaba dando lugar a la apertura de causas penales contra ellos y a su encarcelamiento por el mero hecho de profesar su fe.

El pluralismo y la independencia que caracterizaban al panorama mediático de Crimea hasta 2014 han quedado en el pasado. Las «autoridades» han silenciado cualquier voz disidente, en particular las de habla ucraniana y tártara de Crimea, que se difundían en la prensa, la radio o en línea, sustituyéndolas a menudo por medios de comunicación en ruso que siguen las directrices oficiales. La población de Crimea está aislada de los medios de comunicación ucranianos, y el poder de facto aplica medidas draconianas para intimidar y reprimir a los periodistas independientes.

Como parte de Ucrania, Crimea gozaba de cierta autonomía, en reconocimiento de su historia y composición demográfica únicas. Sin embargo, la prohibición del Medjlis del pueblo tártaro de Crimea (el órgano representativo tártaro de Crimea) en 2016 marcó el inicio de las represiones, características de la ocupación rusa, contra la idea de la representación colectiva y la autonomía cultural. La independencia del poder judicial se vio amenazada y, con ella, los derechos a la libertad de expresión, de reunión pacífica y de asociación.

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